jueves, 15 de octubre de 2009

TRIBUNA ABIERTA

Por una escuela solidaria
Por María Isabel Gonzales
Fuente La República

Hace 43 años, la Compañía de Jesús trajo al Perú la misión de una entidad internacional sin fines de lucro dedicada a la educación pública. Fe y Alegría tiene hoy más de un millón de alumnos y 33 mil maestros repartidos en el mundo. Todos conforman una familia que busca cultivar hombres y mujeres con valores.

Una semana después de haber sorteado dos autos y 48 premios a nivel nacional, Fe y Alegría puede decir, una vez más, misión cumplida. Cuatrocientos cincuenta mil boletos vendidos y un millón de soles recaudados. Con ese dinero se construirá un colegio nuevo en Huancavelica, un instituto tecnológico en Ayacucho y las aulas provisionales de un colegio de Pisco dejarán de serlo para convertirse en una infraestructura sólida y moderna. Esta rifa es parte del presupuesto con el que Fe y Alegría puede financiar su obra educativa. “Nunca una rifa ha significado tanto para alguien”, dice el padre Juan Cuquerella, director nacional de Fe y Alegría, quien recuerda los comienzos de la asociación en el Perú en 1966, en medio de arenales y esteras. La misión a la que se abocan desde entonces es la fundación y administración de centros educativos en zonas económicamente deprimidas y de difícil acceso.

“Nosotros acompañamos a las poblaciones que migraron hacia la ciudad a mitad del siglo pasado. Llegaban y se asentaban sin ningún orden y no tenían ni servicios básicos. Lima se convirtió en una ciudad monstruosa que no se daba abasto con los nuevos limeños; entonces Fe y Alegría nace para llevar la educación pública a estos sectores”, señala Cuquerella. Esta asociación empezó su labor en Venezuela en 1956 de la mano del sacerdote jesuita José María Vélaz y nuestro país fue el cuarto en sumarse a ella. Hoy son 17 países en los que Fe y Alegría tiene presencia. Su propuesta impulsa una educación de calidad para los sectores populares, con valores humanos y capacitación técnica vinculada a la demanda laboral sin dejar de lado a los padres, maestros y religiosos que dirigen los colegios de Fe y Alegría.

En suma, una unión de voluntades que se ha convertido en un importante referente en el campo pedagógico a nivel mundial.
En San Martín de Porres está el colegio Nº 2 de Fe y Alegría. En su puerta resalta el inconfundible símbolo de tres niños tomados de la mano enmarcados en un corazón. Cada uno de los colegios está diferenciado por el número de orden que ocupa en el registro cronológico de la asociación. A la fecha son 77 colegios, 126 escuelas rurales y 4 institutos tecnológicos los que administra Fe y Alegría en el Perú. De ese universo, el colegio Nº 2 tiene entre sus 1,650 alumnos a hijos y nietos de sus ex alumnos. Una de ellas es Jennifer Gutiérrez, de 16 años, estudiante de quinto de secundaria. Mientras remalla unos polos en el taller de industria del vestido, Jennifer explica que cuando termine el colegio será capaz de diseñar y confeccionar prendas, y también podrá administrar un negocio. Esa es la razón por la que su madre, ex alumna del mismo colegio, continúa la tradición con Jennifer. Fe y Alegría le da una herramienta técnica para valerse por sí misma al salir de las aulas. “Cada alumno elige un taller en primero de secundaria.

A partir de tercero pueden cambiarlo o mantenerlo hasta quinto. Nosotros ofrecemos los talleres de ofimática que capacita a los alumnos en todas las tareas típicas de una oficina, de industria del vestido, de electrónica y de carpintería”, dice Elba Mayna, directora del colegio. Y es que para Fe y Alegría es un deber capacitar a sus alumnos en un oficio a partir de conocimientos adquiridos durante la secundaria. Cuquerella señala que todos tienen la posibilidad de elegir entre la universidad o un instituto al salir de la escuela, pero mientras tanto deben aprovechar al máximo las lecciones. Sus palabras no caen en saco roto. George Garay, otro alumno de quinto de secundaria del Fe y Alegría Nº 2, quiere ser pediatra y sabe que la medicina es una carrera larga y sacrificada. En casa, su padre es quien provee el sustento y su madre atiende las labores domésticas. Los ingresos no son altos y por ello piensa aprovechar todo lo aprendido en su taller de ofimática. Según su maestra, él ha aprendido a armar un plan de negocios y está capacitado para trabajar como un asistente administrativo. Para él, la diferencia con otros colegios donde estudian sus amigos de barrio son los valores humanos y religiosos con los que ha sido educado en Fe y Alegría. George lo dice porque allí aprendió a ser solidario y compartir con el resto lo que ha aprendido.

George sabe que las oportunidades están ahí y le da valor a cada una de ellas. Como él, este año concluirán sus estudios en la red de colegios Fe y Alegría seis mil alumnos. Todos ellos preparados para un mundo cada vez más competitivo.

Testimonio de fe

Blanca Esquivel estudió en el Colegio Fe y Alegría Nº 33 de Ventanilla. Cuando salió de las aulas no tuvo dudas, postuló a la facultad de Educación de la Universidad Federico Villarreal y al terminar recibió lo que considera su más grande recompensa: un empleo como profesora de Ciencia, Tecnología y Ambiente en el mismo colegio donde estudió. “Cuando yo era alumna me sentía parte de una gran familia, y pensaba en cómo se sentirían los profesores. Ahora me doy cuenta de que es igual, Fe y Alegría es una familia en la que te involucras totalmente. Yo fui una niña feliz, con padres amorosos, pero podía ver a mi alrededor a niños maltratados, tristes por el abandono de sus padres. Muchos de ellos no tenían ni qué comer, pero la directora de aquel entonces siempre tenía un plato para ellos y esa generosidad la aprendimos todos”, narra.

La familia a la que se refiere Blanca es parte del concepto de Fe y Alegría. El padre Cuquerella lo explica como la suma de las tres voluntades: religiosos con experiencia en educación, los profesores y los padres de familia. Para Cuquerella la unión de los tres es fundamental porque es la única manera de aterrizar las metas educativas.

Así como Blanca, Marco Ríos es también un testimonio de fe y de alegría. En sexto grado de primaria, Marco se convirtió en corresponsal escolar y desde entonces todos sus esfuerzos se dirigen a convertirse en periodista. Pero él no quiere dedicarse sólo a estudiar. Esa semilla que sembraron sus maestros empieza a florecer. Desde el pasado miércoles, trabaja en una cadena de cines. Sabe que el esfuerzo de trabajar y estudiar será doble, pero no se amilana. Al contrario, está más sonriente que nunca.
Fe y Alegría son dos palabras que tienen un valor incalculable, dos palabras que pueden cambiar vidas y revelarnos que estamos aquí para luchar, para crecer y para servir.

Fe y Alegría en cifras

43 son los años que lleva en el Perú.

83 mil alumnos son los que cursan estudios actualmente en su red educativa.

42 mil padres de familia apoyan su labor.

77 colegios tienen en el Perú.

126 escuelas dirige a través de proyectos rurales.

253 talleres técnicos son los que imparte a través de su red.

4 institutos tecnológicos brindan educación según la demanda laboral del entorno en el que se insertan.

41 congregaciones religiosas integran la labor educativa.

3,700 son los docentes de Fe y Alegría. Son capacitados en las universidades del Pacífico y Antonio Ruiz de Montoya.

13 millones de dólares es su presupuesto anual. Diez millones son aportados por el Ministerio de Educación para pagar a los maestros y los otros tres millones se consiguen a través de tres campañas anuales que impulsa Fe y Alegría.

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