viernes, 13 de mayo de 2011

TRIBUNA ABIERTA

Alto a la violencia escolar
Editorial publicado en El Comercio


Poco es lo que hace el Ministerio de Educación para enfrentar la ola de violencia en los colegios de Lima y del resto del país. El problema se ha desbordado y se necesitan medidas efectivas que pongan freno a actos que lindan con lo delictivo.

Ante la terrible agresión que acaba de sufrir un alumno del colegio Alfonso Ugarte, apuñalado por estudiantes del Melitón Carvajal, llama la atención que la respuesta de la autoridad haya sido reforzar la seguridad policial de ambos planteles, cambiar el horario de salida de los escolares y revisar de manera inopinada las mochilas de los colegiales. También ha ofrecido que los profesores se reunirán con los padres de familia y, además, brindarán asesorías a los escolares en coordinación con el Colegio de Psicólogos.

La pregunta es si esto es suficiente. La violencia escolar afecta el proceso enseñanza-aprendizaje, la relación entre estudiantes y profesores, y sobre todo crea hábitos negativos en los niños y adolescentes que los marcarán de por vida. Además, el acoso físico y moral entre los escolares –denominado ‘bullying’– no solo se ha convertido en moneda corriente en los planteles, sino que el número de víctimas ha aumentado.

Lejos de reducir estas prácticas, hay una subestimación de los casos porque como no hay sanción para nadie, muchos menores de edad prefieren callar y no denunciar las agresiones.

El Ministerio de Educación debe poner en marcha medidas globales que refuercen el currículo escolar y que se extiendan a todas la actividades educativas de manera transversal.

La familia no puede estar ausente en este proceso y debe participar en la planificación y realización de dichas actividades, junto con sus hijos y los profesores. Frente al ‘bullying’ se requiere fortalecer la autoridad escolar y elevar la autoestima de los estudiantes en todos sus componentes.

Un golpe al cine nacional
Desde su creación, el Ministerio de Cultura ha venido adoptando medidas que, lejos de fortalecer los estamentos responsables de favorecer la creación intelectual y la industria cultural en el país, los burocratiza y resta independencia. Tras el fallido intento de disolver por absorción las escuelas de arte, ahora le cayó la daga al Consejo Nacional de la Cinematografía (Conacine).

Esto ha despertado la preocupación de los gremios del cine que, de la noche a la mañana, han pasado de integrar una institución autónoma a una dependiente de la burocracia estatal.

En este contexto, Conacine ya no podrá normar su funcionamiento y deberá adecuarse a las decisiones del ministerio, es decir, del Poder Ejecutivo. Será un simple consejo consultivo y sus decisiones serán no vinculantes. Es probable que en este nuevo horizonte, la independencia de la industria cinematográfica, tan reconocida en los últimos años, se verá afectada. Depender del Ejecutivo creará, sin duda, intromisión y una camisa de fuerza de los gobiernos de turno sobre la libre creación de los cineastas y hasta censura previa de los proyectos que incomoden a los sucesivos regímenes.

Los vacíos generados en materia presupuestal son varios. Conacine administraba una partida, asignada por la Ley 26370 de 1994, que le permitía premiar los esfuerzos de los cineastas de nuestro país. Bajo las nuevas normas no están claros los mecanismos que le garantizarán disponer de las partidas necesarias.

El Ministerio de Cultura dice que los fondos no serán mermados, que eso se normará en un futuro reglamento. Pero es una pésima señal que los fondos de este año estén congelados, lo que paraliza una institución promotora de la cinematografía justamente cuando venía siendo reconocida en el ámbito internacional.

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